Cine en la retina – Jules et Jim

Jules et Jim – por Funámbula

Muy buenas noches cinéfil@s,

Se dice que una pareja (cinematográfica) tiene química cuando entre sus actores se establece una tensión sensual que llega a traspasar la pantalla. Y esto es lo que pude comprobar mientras veía por primera vez la que para mí es la mejor película de la filmografía de François Truffaut. Jules & Jim es, con diferencia, mi elegida. Con un ritmo trepidante que engancha desde el comienzo, es una película por la que no pasa el tiempo y que a la vez viaja por el mismo con una gracia y frescura desbordante a lo largo de los 105 minutos de metraje. Y a pesar de ser una cinta rodada en riguroso blanco y negro encontramos las claves en ella de un nuevo estilo de hacer cine.

De la literatura al cine

Jules et Jim es una adaptación literaria de la obra antes escrita por Henri-Pierre Roché, escritor de origen burgués nacido en 1879. A sus setenta y cuatro años escribe esta pequeña obra maestra con retazos autobiográficos. François Truffaut mantiene durante años una intensa amistad con el escritor. Iniciándose su amistad cuando el realizador escribe para la revista Arts un artículo elogiando la recién publicada novela de Roché, Jules et Jim.

De qué habla la película

Jules y Jim, dos amigos y artistas austriaco y francés, caen rendidos ante el embrujo femenino de una enigmática y genuina mujer, Catherine, de cuya sonrisa se enamoran a la vez, aun antes de conocerla, y a la que intentan comprender y amar. Interpretada por la gran dama del cine francés de la Nouvelle Vague, Jeanne Moreau (ya decía el propio Truffaut: “Fue precisamente Jean Renoir quien me enseñó que el intérprete de un personaje es más importante que el personaje…”). Finalmente es uno de ellos quien se casa con ella. Será Jules quién primero se enamore de ella.

De por medio, el estallido de la guerra europea, cada uno de los amigos es movilizado a su propio país, temiendo que se pueda dar la posibilidad de matar al otro en cualquier frente de batalla. En la secuencia final de la película, el narrador resume la esencia de su amistad con unas breves frases: “La amistad de Jules y Jim no tenía equivalente en el amor. Los dos hallaban un placer total en naderías, comprobaban con ternura sus divergencias. Desde el comienzo de su amistad se les había apodado Don Quijote y Sancho Panza”.

 

Me gustaría destacar algunas de mis escenas favoritas, si cabe, dentro de las múltiples que me asaltan en estos instantes. Intentaré seguir un orden cronológico acorde con el propio metraje de la película. La primera es cómo llegan los dos amigos a toparse con Catherine. Ocasionalmente encuentran a Albert, pintor, quien les muestra en un sitio arqueológico un busto representando una figura femenina de inquietante belleza cuya “sonrisa arcaica” los emocionó. “No volvieron a hablar de ello hasta el día siguiente; ¿habían visto alguna vez esa sonrisa? – Nunca – ¿Qué harían si la encontrasen un día? – La seguirían”.

 

Un fundido en negro abre la cinta. La voz en off de Jeanne Moreau recita: “Me dijiste: te amo. Te dije: espera. Iba a decirte: tómame. Respondiste: vete.”

En la película hay un elemento – a mi juicio, vital – que nos remite a la obra literaria: la voz sin cara, la voz filmada del narrador – Michel Subor – que introduce y/o aclara conceptos transcendentes convirtiéndose en un personaje más , otro de sus grandes atractivos – .
En otro de los grandes momentos: “Voy a quemar mentiras” – Catherine es alcanzada por el fuego que prende su camisón, sofocado rápidamente por Jim. Antes de salir, Catherine decide coger una botella de vitriolo – “… Para los ojos de los hombres mentirosos…” – que vacía en el lavabo a instancia de su amigo.

 

Me quedo con esta escena entre Jules y Catherine:

 

Y abusando de vuestra paciencia, si habéis llegado hasta aquí, os hablaré de el perfil de Catherine, una mujer sin inhibiciones, moderna, libre, independiente, dispuesta a la transgresión de cualquier norma burguesa y, entre éstas, la fidelidad, con el convencimiento de que es posible amar a más de una persona sin infidelidad. La ambición de Catherine está en la verdad, la pureza y la amistad, aunque este modo sea difícil de mantener en una sociedad cuyo esquema moral tiene dos vertientes: la moral es asunto de hombres y la fidelidad y el sentimiento es cosa de mujeres. Intenta reinventar el amor sin dañar la amistad. Pero la amistad y el amor no se llevan bien: el amor es más egoísta y más posesivo.

 

Truffaut pone en boca de Jules la definición de lo femenino materializado en Catherine: “… Es una fuerza natural que se expresa mediante cataclismos. En todas las circunstancias, en medio de su claridad y su armonía, vive guiada por el sentimiento de su inocencia… ¿Por qué Catherine, por muy solicitada que esté, nos hace a los dos el regalo de su presencia? Porque le dedicamos una completa atención, como a una reina.”

En la última parte de la película, el desenlace, más que dramático es poéticamente triste, Catherine define perfectamente su especial psicología. Sus infidelidades – “… en una pareja es necesario que por lo menos uno sea fiel: el otro…” -. Su máxima es partir de cero en la relación en cada momento de la vida. De ahí sus pequeñas infidelidades y ausencias, como la mantenida con Albert, el pintor músico encontrado por los amigos en Grecia, quien compone para ella una canción.

 

Como el propio Truffaut escribía en 1962 en Le Monde: “En la película hay una canción que se llama «el torbellino de la vida», ella indica el tono y revela la clave. Quizá porque fue escrita por un anciano, Henri-Pierre Roché, yo considero que Jules et Jim es un himno a la vida. Por esta razón, quise crear una impresión de gran lapso de tiempo marcado por el nacimiento de los niños, pero también cortado por la guerra, por la muerte, que dan una significación más completa a una existencia entera. Quizás era ambicioso hacer una película de viejo, pero esta distancia me ha fascinado, y me permitía llegar a un cierto desapego”.

 

Otro de los atractivos de la película es una melodía nostálgica con aire de chacona. Podemos escucharla mientras los tres personajes bajan, a través del campo, hacia la playa, secuencia en la cual se escucha por primera vez el tema del vals, leit-motiv del trío. En esta secuencia el vals es rítmico y alegre.

Jules et Jim from dobcn on Vimeo.
 

En cuanto a la localización de los exteriores, Truffaut es un apasionado de la filmación de interiores en escenarios reales, a mi juicio muy de agradecer. En otro momento de la cinta, a la salida de la una representación teatral, los personajes pasean por el muelle del río mientras discuten sobre los rasgos psicológicos de Catherine. Ante los comentarios negativos de los amigos – “Lo importante en la pareja es la fidelidad de la mujer. La del hombre es secundaria…. La mujer es natural, o sea abominable”Catherine, ofendida, se deja caer al Sena -.

 

Por otra parte, Jim mantiene en París su relación con Gilberte“… Jim no podía dejar a Gilberte así como Catherine no podía dejar a Jules. Jules no debía sufrir (ni Gilberte). Eran diferentes frutos del pasado y se contrabalanceaban uno a otro…” Jules, a cambio de no perder la presencia de su mujer se la ofrece generosamente al amigo – “… Tengo pánico de perderla y que salga completamente de mi vida. Jim, si usted la quiere, ámela, cásese con ella. Quiero decir: si usted la quiere, deje de pensar que yo soy un obstáculo…”

Pero Catherine tampoco encuentra la felicidad con Jim y planea su destrucción. En la película se encuentran muestras evidentes que nos dan la clave del sentimiento real de Catherine: tanto el chapuzón en el río, como el intento de ataque a Jim con el revolver, el automóvil conducido por ella misma, nos conducen al desenlace.

Medio siglo ha pasado desde que Jules et Jim viera por primera vez la luz. Os la recomiendo para que la apuntéis en la lista blanca de vuestras pelis elegidas pendientes de ver, o si no, buscar algún rincón acogedor y tranquilo en vuestro hogar para volver a disfrutarla, a poder ser en buena compañía en una tarde de domingo. Aquí os dejo el tráiler de la película. Que lo disfrutéis.

DIRECTOR François Truffaut GUIÓN François Truffaut & Jean Gruault (Novela: Henri Pierre Roché) MÚSICA Georges Delerue CANCIÓN “Le Tourbillon” Bassiac FOTOGRAFÍA Raoul Coutard (B&W) REPARTO Jeanne Moreau, Oskar Werner, Henri Serre, Marie Dubois, Vanna Urbino, Sabine Haudepin, Boris Bassiak, Kate Noelle, Anny Nielse PRODUCTORA Les Films du Carrosse GÉNERO Drama. Romance | Drama romántico. Nouvelle vague ESTRENO París, 24-1-1962. PREMIOS 1962: 2 nominaciones al BAFTA: Película, Actriz Extranjera (Jeanne Moreau).

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2 Comentarios

  1. Law dice:

    Funambula , pedazo de post y de película que has escogido .

    Muy completo y personal . También la prefiero a Los 400 golpes que suele ser considerada su mejor obra.
    Enhorabuena!!!

  2. susana dice:

    Un placer, Law.
    Gracias y saludos

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