Cine en la retina – El Padrino (I)

Muy buenas noches cinéfil@s,

Para escribir sobre la película que nos ocupa hoy sería necesario utilizar un teclado Mont Blanc si es que la prestigiosa firma de estilográficas abarcase también el segmento de los periféricos informáticos. Como no conozco de su existencia, me tendré que apañar con mi teclado blanco inalámbrico para Mac, desde el que compongo casi siempre mis posts de cine.

Creedme si el tercera vez que acometo este post sin éxito, pero hoy he tomado la determinación de publicar hasta donde llegue y dejar para próximas semanas todo el acopio de material que he ido haciendo. Y es que Internet está plagada de información de esta obra maestra y todo el material existente daría casi para una sección en exclusiva de nuestro blog. Así pues, voy a tratar de hacer un trabajo de síntesis para poder publicar mi dosis semanal de cine en la retina como me había marcado en mis objetivos personales. Os pido disculpas por las dos semanas anteriores en las que estuve ausente y os invito a disfrutar y compartir conmigo, esta obra maestra.

Quizá, con todos los epítetos que siempre acompañan a “El Padrino”, aquellas personas que aún no se han enfrentado aún a ella, deberían conocer los motivos por los cuáles no pueden dejar este mundo sin haberla visto:

Lección magistral de cine:

dirigida por un joven Francis Ford Coppola, la película estableció un referente en la realización de escenas, elaboración de planos, acompañamiento musical y un sinfín de técnicas cinematográficas que hoy en día se estudian en las más prestigiosas escuelas de cine. Por paradójico que parezca, Coppola fue cuestionado muchas veces por los directivos de La Paramount que dudaban de la escasa experiencia del cineasta ítalo-americano y que se plantearon varias veces reeemplazarlo a lo largo del rodaje.

Escala de valores:

los valores plasmados en la película, impensables en el mundo tan asquerosamente políticamente correcto e hipócrita en el que vivimos, son dignos de comentario. La Familia es el pilar social sobre el que todo gira con unos lazos tan estrechamente atados que cuando alguien decide deshacerlos paga las consecuencias. La traición se paga muy cara, y las deshonras de cualquier tipo a La Familia se castigan con la muerte. Los hombres y las mujeres se miden con un rasero bien diferenciado, los hombres son los que indiscutiblemente llevan la voz cantante. Las mujeres están en un segundo plano, ocupándose de los ninos, sus maridos y haciendo que, en definitiva, todo funcione. Se “tolera” las infidelidades de los hombres pero, sin embargo, la violencia hacia ellas es repudiada y castigada seriamente. Los códigos de honor son muy rígidos, aquello que traicione a La Familia es denostado, pero sin embargo la muerte de aquellos que la amenazan, comprometen o dificultan sus operaciones, está plenamente justificada. La venganza es una forma de vida y, de hecho, quien no se toma venganza, se le considera un débil. También está en entredicho quien no es respetado por su mujer, el hombre cuya mujer le hace sombra, está apartado de la sociedad machista imperante y se le tacha de blando.

Interpretaciones de lujo:

¿Quién puede concebir hoy en día “El Padrino” sin Marlon Brando? ¿Qué otro, sino un casi debutante Al Pacino, podría encarnar a Michael Corleone? ¿Quién mejor que el sensacional Robert Duvall para dar vida al célebre Consigliori? ¿Habría podido otro actor que no fuese el hoy veterano James Caan transmitir el carácter violento e impulsivo de “Sonny” Corleone? ¿Alguien imagina a otro rostro distinto al de John Cazale para el personaje del ingenuo Fredo? Si la mayoría de las respuestas a estos interrogantes es un rotundo NO, como es mi caso, entonces os haréis idea de la trascendencia de las interpretaciones.

“Cultura” italiana:

Consigliori, Caporegime, Cosa Nostra, Pezzonovante, Omertà, Tarantella y otros tantos términos italianos que aparecen en la película no hubiesen cruzado las fronteras transalpinas si hubiese sido por la genialidad de Mario Puzo y de Coppola. No sólo estos términos que aparecen integrados de forma natural en sus diálogos contribuyen a situarnos en la cultura italiana. Sus canciones, sus guisos, sus productos, sus costumbres y rituales, sus valores; todos ellos fiel y detalladamente reflejados consiguen sumergirnos en el país de la pasta

Y es que, El Padrino, no es tan sólo una obra maestra cinematográfica. Para mí, es “La Obra Maestra”. Es una adaptación al cine de la obra homónima de Mario Puzo que fue publicada en el año 1969. La película vio la luz 3 años más tarde y con el tiempo se convirtió en la trilogía de culto que es hoy en día junto con el Padrino II y el Padrino III. La única inspirada en la novela del escrito ítaloamericano fue la primera parte aunque, no por ello, las secuelas posteriores desmerecen en absoluto.

El próximo miércoles seguiré compartiendo más detalles de esta gran película con mayúsculas para ir dando salida a esta cantidad de información que he ido recopilando durante las 2 semanas que he faltado a nuestra cita.

Hasta entonces, ¡Ved todo el buen cine que podáis!

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