Hollywood premia a la nostalgia, The Artist triunfa en los Oscars 2012

Hollywood ha vuelto a sus raíces y es que la nostalgia inundó la 84ª edición de los premios Oscar. The Artist triunfó y se llevo las principales estatuillas, entre ellas las de Mejor actor principal, Mejor Director y el más importante, Mejor película. Su apuesta arriesgada y osada propuesta (una película francesa, muda y rodada en blanco y negro) ha conquistado a todo el mundo, aunque también conviene recordar que detrás de ella están los hermanos Weinstein, esos hermanos con movimientos maquiavélicos que pueden llevar a cualquier película a ser favorita de los Oscar, que se lo han currado desde que decidieron llevar su distribución en Estados Unidos tras verla en el pasado festival de Cannes. No hubo sorpresas y la mayoría de los premios fueron bastante previsibles, por no decir que estaban cantados. Y es que la Academia norteamericana no es precisamente un adalid del riesgo y si no no hay que ver algunas de las películas que se han quedado atrás en la carrera de premios (Drive, Take Shelter, Shame o El árbol de la vida).

Los premios fueron bastante repartidos, y si bien The Artist se llevó los más importantes con sus cinco premios, La invención de Hugo se tuvo que conformar con otros cinco Oscars en categorías técnicas, Fotografía, Dirección artística, Montaje sonido, Mezcla sonido y Efectos visuales. Al menos es un consuelo para Martin Scorsese, que partía como favorito a Mejor director y se vio sorprendido por el vendaval francés. En cuanto a los actores, George Clooney no pudo conseguir su segundo premio y Jean Dujardin se volvió loco en el escenario ante su estatuilla, llegando a sacar al escenario al perro de la película, Uggie. Lo de Meryl Streep era un Oscar esperado (17 nominaciones y tres en su haber) aunque se mostró muy emocionada y agradecida. Tanto Christopher Plummer como Octavia Spencer, mejores secundarios por Beginners y Criadas y señoras respectivamente, también se mostraron especialmente conmovidos por el premio y sus discursos emocionaron al público asistente.

 

 

Dos cineastas tan extraordinarios como Woody Allen (que por supuesto no acudió) y Alexander Payne tuvieron su recompensa con el Oscar al Mejor guión original y guión adaptado respectivamente por Midnight in Paris y Los descendientes; la Mejor banda sonora origjnal fue para Ludovic Bource por The Artist (con cierta polémica porque en ella hay extractos de la música que Bernard Hermann utilizó para Vértigo, de Alfred Hitchcock) y la Mejor Película en lengua no inglesa cumplió los pronósticos y fue para Nader y Simin, una separación. Su director, el iraní Asghar Farhadi, hizo una valiente y encendida defensa de la apertura democrática de su país. La representación española se fue prácticamente de vacío. Podemos alegrarnos porque Midnight in Paris tiene la participación española de Mediapro pero tanto Alberto Iglesias como Chico y Rita se fueron de vacío, algo totalmente inmerecido si tenemos en cuenta a los ganadores y especialmente en el caso de Rango como Mejor película de animación (¿le ha gustado a alguien este pestiño?)

 

 

Siguiendo con su vuelta al conservadurismo, la gala volvió a manos de Billy Crystal, un viejo conocido que devolvió su toque de entertainer después del sonoro fracaso de la pareja James Franco y Anne Hathaway. Sorprendentemente ha sido una de las ceremonias más ágiles de los últimos tiempos y Crystal dio muestras de su maestría llevando este tipo de eventos pero no fue precisamente el humor lo que destacó durante las casi tres horas de duración de la gala. A destacar algunos momentos puntuales, como el vacile de Emma Stone con Ben Stiller, cuando las protagonistas de La boda de mi mejor amiga empezaron a beber en medio del escenario o las apariciones de Jennifer López y Cameron Díaz cuando presentaron un premio embutidas en unos vestidos de vértigo.

 

 

Lo que sí se respiró fue un espíritu nostálgico y no solo porque tres de las películas nominadas fueran un claro guiño al pasado (Midnight in Paris, The Artist y La invención de Hugo) sino porque el mensaje al público daba a entender lo mágico y especial que es entrar en una sala de cine: la brillante puesta en escena, los vídeos que presentaban las películas candidatas, los espectaculares números del Cirque du Soleil y sobre todo los mensajes de cada uno de los presentadores. El momento álgido tuvo lugar cuando la cantante Esperanza Spalding entonó el conocido «What a wonderful world» mientras se recordaba en la pantalla gigante a la gran Elizabeth Taylor. El punto negro se lo llevó Sacha Baron Cohen, que tal y como prometió llego disfrazado como el personaje de su próxima película «The dictator», e hizo un sonoro ridículo cuando esparció las supuestas cenizas del dictactor Kim Jong II por la alfombra roja.

 

 

Un año más, los premios Oscars han sido un auténtico espectáculo y han conseguido congregar a millones de personas frente a la televisión. ¿Piensas que los premios han sido justos? ¿Consideras a The Artist como la mejor película del año? ¿Echas de menos a alguién en el palmarés? 

 

Autor: Jordelgar

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