Crítica de Un golpe de altura, cómo robar a un ladrón

Pensada inicialmente como una versión afroamericana de Ocean´s eleven hasta que Ben Stiller se incorporó al reparto, Un golpe de altura presenta a un grupo de personas normales y corrientes a las que las circunstancias les obligan a perpetrar un atraco que les exige desarrollar sus habilidades delictivas, lo que permite incluir numerosas situaciones cómicas y disparatados equívocos. Esto ya lo hemos visto por ejemplo en Atraco a las tres (1962), Granujas de medio pelo (2000) o Ladykillers (2004) y la novedad en esta película son las circunstancias, por desgracia de tanta actualidad en los últimos años. Josh Kovacs (Ben Stiller) es el encargado de uno de los edificios más lujosos de Nueva York, en cuyo ático vive uno de los tiburones de Wall Street, Arthur Shaw (Alan Alda). Para sorpresa de todo el mundo, Shaw es detenido bajo arresto domiciliario en su ático tras defraudar más de dos mil millones de dólares de sus inversores, entre los que se encuentran los empleados del edificio donde vive, que le entregaron sus ahorros en fondos de pensiones y se ven ahora sin un centavo.

La idea no es original pero el planteamiento inicial está bien presentado y su desarrollo da lugar a muchas escenas cómicas y gags que en manos de Brett Ratner funcionan bastante bien. Y es que tiene en sus manos un reparto muy capaz, con Ben Stiller liderando a esta pandilla de empleados deseando recuperar lo que es suyo y unos secundarios muy eficaces: Casey Affleck, el olvidado Matthew Broderick, Tea Leoni, Michael Peña y Gabourney Sidibe (la inolvidable Precious).  Mención aparte para Eddie Murphy, en un papel de ladrón de poca monta reclutado por estos atracadores amateurs para mostrarles todo lo necesario para cometer este atraco y que no cambia haga el papel que haga, sus gestos le valen para meterse en la piel de un ladrón, un vampiro, un profesor chiflado o lo que le echen.

¿Qué es lo que falla en este plan? La primera parte del guión es bastante acertado, con una trama diferente y unos personajes desorientados con este disparatado golpe. Es divertida sin llegar a ser hilarante pero podría ser un buen aperitivo para lo que verdaderamente importante, el golpe. Y es a partir de ahí cuando la historia pierde mucho interés porque no se entienden muchas de las cosas que ocurren, las escenas son confusas y la conclusión es bastante inverosímil. Parece que los guionistas han escrito una buena trama, la han aderezado con buenas escenas, los personajes son entrañables y cercanos pero en el momento de la verdad, no saben donde quieren llevar la historia.

Un golpe de altura es entretenida y nos ofrece varias secuencias que merecen la pena (la del centro comercial y la huida con el coche) pero en su conjunto deja la sensación de oportunidad desaprovechada, con un desenlace que no está a la altura de la primera hora de metraje. A destacar el veterano Alan Alda, construyendo un malvado magnífico, cometiendo un fraude de enormes proporciones, engañando a sus más directos empleados y a la vez dando la sensación de ser una víctima y un hombre inocente, con esa sonrisa tan cínica.

Trailer oficial

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