Crítica de The Artist, una obra maestra que te deja sin palabras

En pleno auge de películas industriales, de apabullantes producciones repletas de efectos especiales, de la cacareada novedad de las tres dimensiones (que hay que mirar con cierto recelo según el caso) y de adaptaciones de superhéroes del cómic hasta la extenuación, es un auténtico milagro no sólo el éxito de esta bella, emocionante y divertida historia que homenajea un tipo de cine al que vemos muy lejano sino ya tan solo que un director, Michel Hazanavicius, y sobre todo un productor, Thomas Langmann la hayan llevado adelante teniendo en cuenta que es un ejercicio de un riesgo extraordinario. Una película en blanco en negro es una locura para la mayoría de los productores pero si a eso le unimos que es muda y ambientada en la primera mitad del siglo pasado, podemos considerar que The Artist es un salto al vacío gigantesco. Sin embargo, es indudable que la recompensa ha valido la pena y tanto Hazanavicius como Langmann puede ser estar orgullosos de su obra.

The Artist tiene como protagonista a George Valentin, una estrella del cine mudo en el Hollywood en 1927 que vive en la cresta de la ola. Sus estrenos se cuentan por éxitos, el público le idolatra, el estudio se rinde a sus pies y la vida le sonríe. Al mismo tiempo, Peppy Miller es una joven aspirante a actriz que comienza como extra y poco a poco va subiendo en el escalafón hasta convertirse en una estrella justo cuando el incipiente cine sonoro se abre en la meca del cine. Ambos personajes protagonizarán a lo largo de todo el metraje distintos encuentros y desencuentros cuando sus trayectorias se intercambien y Valentin quede apartado en el olvido con la llegada del sonido a la pantalla grande. Es una historia sencilla pero tejida con mucho mimo y sustentada principalmente por el primoroso trabajo de los actores, Jean Dujardin y Bérénice Bejo, que bordan sus papeles. Dujardin encaja perfectamente como el actor presumido, apuesto y orgulloso de esa época y Bejo simplemente nos enamora como esa actriz bondadosa, positiva y vital que se convierte en estrella.

El principal mérito de The Artist es emocionar al patio de butacas con un lenguaje cinematográfico muy distinto al que vivimos actualmente, con una historia que narra la ascensión y el declive de una estrella, el nacimiento de un nuevo icono del cine, el amor entre dos personajes a lo largo del tiempo y en términos más profundos la aceptación del cambio en nuestras vidas. Y todo con una factura técnica de primera, una fotografía que nos hace recordar las mejores películas de esa época dorada de la historia del cine, una música que obviamente se convierte en un factor esencial para acompañar a la narración y unas elecciones estéticas que no dejan nada al azar para conseguir identificar al espectador con la idea universal de Hollywood: las fiestas y los estrenos glamourosos, los estudios de cine, las salas de montaje, las mansiones de las estrellas…

Michel Hazanavicius ha conseguido una película que huye de la pretenciosidad y el elitismo y consigue que cualquier persona se emocione, se divierta y caiga rendido de admiración ante esta obra de arte. Si el espectador consigue deshacerse de los prejuicios y los temores descubrirá una película única, que reconforta y deja la sensación de que el cine no se ha convertido en una industria fría únicamente ávida de dinero sino en el que tiene cabida el sentimiento, el atrevimiento y el talento.










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