Crítica de La parte de los ángeles, el whisky como salvación

De muchos realizadores se dice que siempre hacen la misma película, una y otra vez, sin importar los pequeños o grandes cambios que hagan de una historia a otra de su filmografía. No es tanto una cuestión de originalidad o de plagiarse a uno mismo, sino simplemente que ciertos cineastas abordan siempre temas comunes y su manera de contar las cosas es claramente identificable, independientemente de los actores, el guión o la puesta en escena.  El caso más extremo es Woody Allen aunque también podemos encontrar bajo este paraguas a artistas tan dispares como Lars Von Trier, Spielberg, Pedro Almodóvar o el caso que nos ocupa en esta ocasión, el inglés Ken Loach. Comprometido y con una mirada centrada siempre en las clases desfavorecidas y los abusos del poder, Loach vuelve a su cine más genuino con una simpática comedia que no renuncia a mostrar la descarnada realidad social de la juventud en la ciudad de Glasgow.

Con un guión de su colaborador habitual en la mayor parte de sus producciones, Paul Laverty, Loach nos presenta la desoladora y desesperanzada vida de Robbie y sus tres amigos Rhino, Albert y Mo, unos jóvenes que se conocen cuando coinciden haciendo trabajos para la comunidad tras ser detenidos por distintos delitos. Sin estudios, sin trabajo y sobre todo sin perspectivas de conseguirlo, los cuatro se ven atrapados por una vida sin esperanzas y por un pasado lleno de problemas. Por si fuera poco, Robbie acaba de ser padre y promete a su hijo que no tendrá que llevar la vida que él ha tenido. Afortunadamente estos cuatro amigos conocen a Harry, el mentor que les han asignado en los servicios comunitarios, una persona que confía en ellos y por casualidad les introduce en el mundo de la cata del whisky. Robbie descubre que tiene un extraordinario talento como degustador y tendrá que tomar la decisión de continuar con su pasado de delitos y violencia o elegir un futuro lleno de promesas.

La parte de los ángeles nos devuelve al Loach más cercano a los temas sociales y especialmente se centra en el preocupante y pavoroso asunto del paro juvenil, una generación de jóvenes  que tienen un presente muy complicado y un futuro desolador. Pese a sus intenciones de comedia y a sus divertidas escenas, esta película no es exactamente una comedia al uso porque la cruda realidad que hay bajo la superficie y su tono realista y descarnado hacen que el espectador no sea insensible a las miserias, los conflictos y la desesperanza de estos personajes en busca de un futuro. Pese a su tono triste y sombrío, el contraste humorístico dota al guión de una agridulce combinación que funciona. A destacar los estupendos actores amateurs que forman esta curiosa cuadrilla, especialmente el protagonista Paul Brannigan, que debuta con esta película.

No es lo mejor de Ken Loach pese a su premio en Cannes pero aún así La parte de los ángeles es una estimable cinta que nos trae una visión a la vez dura y esperanzadora de la juventud actual (que se sitúa en Glasgow pero que puede ser representativa de muchos otras ciudades) y también una optimista historia en la que aprenderemos algo sobre el mundo del whisky, como el mismo título. (La parte de los ángeles es un concepto que se refiere a esa parte del whisky que se evapora, un dos por ciento, cuando se abre la barrica y se escapa así de los hombres y del recaudador de Hacienda).

Trailer La parte de los ángeles

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