Crítica de Intocable, una mirada alegre y positiva a la vida

El fenómeno Intocable llegó hace un par de semanas a nuestro país y el boca oreja ha sido tan efectivo que en su segunda semana en cartelera ha llegado al número uno en recaudación, llevándose nada menos que 1,55 millones de euros y subiendo un 12% respecto a la semana de su estreno. A fecha de hoy lleva 520.000 espectadores en tan sólo 10 días en las pantallas de nuestro país, algo que está ocurriendo en cada uno de los países en los que se está estrenando. Se trata de la película francesa más taquillera de la historia con cerca de 30 millones de espectadores (por comparar Titanic y Bienvenidos al norte tuvieron alrededor de 20) y en mayo llega a los Estados Unidos. ¿Arrasará allí también y tocará el gusto de los norteamericanos? ¿Qué tiene esta película para ser un éxito masivo tanto de público como de crítica?

Intocable narra la relación entre dos personajes antagónicos, un recurso utilizado en numerosas películas como El discurso del rey y Paseando a Miss Daisy, una comparación realizada en la publicidad de la película y que no es del todo acertada. Philippe es un aristócrata postrado en una silla de ruedas a causa de un trágico cuando practicaba parapente, después de la también terrible pérdida de su mujer. En su búsqueda de una persona que le cuide, y ante los encorsetados y rígidos candidatos que se le presentan, elige a Driss, un joven descarado e inmigrante procedente de Senegal, cuyo único objetivo es cobrar el paro. Sin embargo, su obvia falta de preparación y su situación de marginado social no son impedimento para cumplir el trabajo y es que como Philippe menciona en un momento de la historia, lo que necesita es una persona que no le tenga compasión ni piedad.

Esta peculiar relación es el alma de la película y lo más íncreible de todo es que está basada en hechos reales. Intocable (en original Intouchables, cambiado aquí a singular por la distribuidora A Contracorriente Films) se basa en la historia real de Philippe Pozzo di Borgo, que en 1993 sufrió un terrible accidente que le dejó tetrapléjico mientras sufría la agonía de su esposa Béatrice. Esa catástrofe personal la plasmó en el libro Le second souffle (que ahora reedita con un añadido, El demonio de la guarda, Anagrama) en 2001, en el que relataba su relación con Abdel Sellou (el demonio del título), su cuidador argelino que provenía de los arrabales parísinos y que literalmente le salvó la vida. Esta relación de dependencia y superación fue llevada por primera vez a la pantalla grande por el realizador J. P. Devillers en su documental À la vie, à la mort (2002) y ha sido el detonante para que los directores Olivier Nakache y Éric Toledano hayan perseguido este proyecto hasta convertido en un éxito multitudinario.

Los personajes del adinerado pero postrado aristócrata y del avispado y pícaro Driss se contraponen y constituyen la salsa de la película, confrontándose dos estilos, dos maneras de ver la vida. Philippe  pretende empapar a su improvisado cuidador de todos los refinados gustos de la vida (la ópera, el arte, la poesía o las relaciones epístolares) y no conseguirá mas que la continua burla y el cachondeo de Driss, algo a lo que Philippe no se podrá resistir. Poco a poco el carácter de Driss irá ganando la confianza de su «paciente» y ambos serán protagonistas de diversas y descacharrantes aventuras que le devolverán al aristócrata la alegría de vivir y dejará a un lado la piedad o la pena ante su situación. Es imposible no destacar a los actores que componen este peculiar tándem, el veterano François Cluzet (con un parecido bastante razonable a Dustin Hoffman) y sobre todo Omar Sy, cómico muy conocido por sus parodias y sketches en Canal +, y muy merecido ganador del César al Mejor actor por este papel. El primero realiza una actuación muy meritoria por la dificultad de un registro tan complicado como es el personaje de un tetrapléjico y el segundo está sencillamente pletórico como ese descarado, lenguaraz, ligón y bromista inmigrante que se mete por casualidad en la vida de este rico pero infeliz hombre y le cambia la vida para siempre.

Intocable puede ser acusada (y ha recibido algunas críticas a este respecto, junto con algunas de xenofobia y racismo) de prefabricada, de película destinada a la lágrima fácil y al sentimentalismo forzado. Nada más lejos de la realidad, la película funciona principalmente porque se asoma a sus personajes de una manera honesta, con sentido del humor y sin ningún tipo de tópico ni prejuicio. Su principal mérito es no caer en el recurso fácil de la discapacidad como elemento dramático, en huir de la gravedad y tomarse muy poco en serio casi todo, dando rienda suelta a la positividad, la alegría de vivir y el sentido del humor. Intocable es una película muy humana pero sobre todo divertida, que entretiene durante todo su metraje y que a diferencia de muchas de las películas que pasan por nuestros ojos nos deja una sensación maravillosa cuando las luces se encienden. No os la perdáis.

Trailer oficial Intocable

Autor: Jordelgar

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