Crítica de Infiltrados en clase, una misión de vuelta al instituto

Bajo el ilustrativo y a la vez penoso título de Infiltrados en clase se esconde la adaptación de una serie de televisión de finales de los años 80 (el título original 21 Jump Street, en castellano Jóvenes policías) y que supuso una de las plataformas para el estrellato de un tal Johnny Deep, que precisamente estrena simultáneamente Sombras tenebrosas junto a su director fetiche Tim Burton. Deep acabó hasta el moño de la serie, hasta el punto de afirmar que “preferiría hacer un agujero con la lengua hasta el centro de la Tierra que volver a hacer una serie de televisión”, ya que se esperaba hacer sólo una temporada y al final fueron cuatro a causa del gran éxito que obtuvo. Veinte años después Jonah Hill, un actor cómico que este año estuvo nominado al mejor secundario por Moneyball, se ha propuesto rescatar la serie y adaptarla cine, asumiendo el rol de productor y uno de los papeles protagonistas junto a Channing Tatum.

Lo primero que hay que decir es que se trata de una adaptación en la que apenas han dejado el título y una leve referencia argumental. 21 Jump Street o Jóvenes policías era una serie de acción protagonizada por jóvenes actores con cuerpos Danone, especializados en delincuencia juvenil y con numerosos conflictos debido a sus revolucionadas hormonas. La película que nos ocupa es una comedia en toda regla, que al igual que la serie tiene como trasfondo la delincuencia juvenil pero que en el fondo se trata de una buddy movie o películas de compañeros, uno de los subgéneros del cine policíaco. En los primeros minutos de metraje vemos como Jonah Hill (con un estrafalario look a lo Eminem) y Channing Tatum son dos típicos adolescentes de instituto, ambos muy diferentes: mientras Hill interpreta al típico inadaptado empollón sin éxito con las chicas, Tatum lleva el rol de chico duro descerebrado e irresponsable. Por supuesto ambos se llevan fatal y se vuelven a encontrar años después en la academia de policía. Allí se graduan y se hacen amigos y compañeros de patrulla. Sin embargo, su poca pericia en su primer misión les relega a una misión en la que tienen que hacerse pasar por estudiantes en un instituto para poner freno a una trama de delincuencia juvenil relacionada con una red de narcotráfico.


Lo bueno de Infiltrados en clase es que no se toma a sí misma en serio y asume desde el principio que se trata de una comedia fácil y ligera para entretener al espectador. Aparte de la comicidad que se supone de una propuesta como ésta, el guión juega con dos aspectos interesantes que añaden sustancia a la historia: el primero, la diferencia intergeneracional entre los dos policías y sus compañeros de instituto, aunque sólo hayan pasado unos años desde que dejaron el aula y que provoca situaciones bastante interesantes. La segunda, el intercambio de roles entre los dos protagonistas, al pasar a ser Tatum el friki y empollón y Hill pasar a ser uno de los “guays” de la clase, incluso ligándose a la chica del grupo, algo que da mucho juego y situaciones hilarantes.









Comentarios
Tú puedes ser el primero en dejarnos un comentario.