Archivos de ‘Críticas‘

CRÍTICA DE “ANIQUILACIÓN”, de Alex Garland (estreno en Netflix, marzo de 2018). ¿POR QUÉ ANIQUILARÍA “ANIQUILACIÓN”?

 

Debo advertir antes de entrar en materia que en este blog defendemos la honestidad. La honestidad narrativa no implica la proscripción de los giros de guión o de las transformaciones o hibridaciones de género, por supuesto, ni mucho menos supone abogar por la previsibilidad; ese atributo es inaceptable en un relato, hasta cuando este es una crónica periodística. Desde nuestro punto de vista, una película, una novela, una obra teatral honesta es aquella que da lo que promete, es decir: el que cuando vamos a ver cine de terror, no pasemos miedo –aunque este pueda convivir felizmente con momentos de hilaridad, romanticismo, ganas de comernos un bocadillo de chistorra…-, o que cuando pretendemos reírnos a carcajadas, acabemos sonriendo socarronamente tres o cuatro veces… nos toca enormemente las partes pudendas.

Huelga decir que todavía nos sentimos más violentamente sodomizados cuando el autor-artista de turno pretende hacer historia y, como no tiene ni una desdibujada idea de por dónde hacer discurrir la narración para que no sólo sea coherente -¡por favor!-, sino también “memorable”, no se le ocurre otro desenlace que el de causar estupor o puro y simple asco entre el público, esos pobres mortales… Vamos: que dejar impronta en la retina y el mundo onírico del espectador a base de incestos “porque yo lo valgo” y salvajes mutilaciones es algo que sabe hacer hasta el más tonto. Las vejaciones que nuestros modestos intelectos sufrieron viendo “¡Madre!” resucitaron este blog. Con esto queda todo dicho.

“Aniquilación” nos presenta a Natalie Portman como científica y exmilitar cuyo esposo (Oscar Isaac), miembro del Ejército, desaparece durante un año tras haber sido destinado a una misión secreta y regresa al hogar gravemente enfermo y en un estado de alienación que le hace emocionalmente irreconocible, motivando el que la primera acabe siendo informada de que la misteriosa misión consistía en explorar una zona rural en torno a un faro invadida por un extraño fenómeno que genera mutaciones en todos los seres que en ella se adentran para nunca volver.

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CRÍTICA DE “LA FORMA DEL AGUA”, de Guillermo del Toro. “EL ROTO Y EL DESCOSIDO” UNIDOS POR UN CUENTACUENTOS

A Guillermo del Toro le entusiasma su profesión. No me sorprende. Somos muchos los que, como él, de niños no sólo escuchábamos fascinados los cuentos ajenos, sino que soñábamos con ser aquellos que los contaran y cautiváramos de ese mismo modo a nuestra audiencia, ya estuviera esta formada por cuatro vecinitos sentados en torno a ti, ya por un público variopinto que llenara salas comerciales de todo el planeta. Por esa razón, su obra exuda esa autenticidad de quien ama lo que hace.

Así, quienes conservamos a flor de piel la capacidad de ilusionarnos empezamos a ver su nueva película con más simpatía que espíritu crítico. La premisa es más bien sencilla: durante la Guerra Fría, una chica de la limpieza muda, Elisa (inmensa Sally Hawkins), que trabaja en un centro científico de alta seguridad situado en Baltimore, descubre que en él mantienen recluido a un anfibio antropomorfo (Doug Jones), con quien crea un vínculo de complicidad sin palabras que cambiará su vida.

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Crítica de “Wonder Wheel”, de Woody Allen. A LA VEJEZ, ESTRÓGENOS.

Vaya por delante que al grueso de los miembros de esta redacción nos resulta particularmente difícil ser objetivos –valga la paradoja cuando de críticas, esto es, opiniones, se trata- con las creaciones de Woody Allen, al calor de cuyos títulos míticos muchos nos enamoramos apasionadamente del séptimo arte, pero el cariño hacia los seres queridos de uno no debería volverle ciego ante su senectud, que no senilidad, ni evitar la constatación con casi cada estreno del último decenio de que probablemente sus años más brillantes ya hayan quedado atrás.

Inspira el título de esta crítica nuestra relativa sorpresa ante la deriva que va tomando la inspiración de Woody hacia el melodrama clásico. Aunque el director ha mostrado a menudo a lo largo de toda su carrera un cierto interés por el universo femenino más allá de la tristemente habitual concepción del bello sexo como objeto de deseo o adoración fruto de esa mera belleza, ha sido en el último lustro cuando ha dado un salto cualitativo convirtiendo en el centro de su narrativa a dos antiheroínas que bien podrían haber sido dibujadas por la pluma de Tennessee Williams. En ningún momento pretendió ocultar Allen que el personaje interpretado por Cate Blanchett en “Blue Jasmine” no era más –ni menos- que la Blanche du Bois de la magna obra de aquel “Un tranvía llamado deseo”, decepcionándonos con ello a unos cuantos que hemos resultado no ser tan incondicionales. Y ahora… parece que lo ha vuelto a hacer.

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Pequeña pantalla, pequeña crítica: “The end of the f**king world”

¡Enhorabuena! Has sobrevivido unas Navidades más: desde la primera a la última de las jornadas festivas, familiares e hipercalóricas y sus interludios no precisamente dedicados a dar carreritas y alimentarte de lechuga (¿por qué, abuela, por qué has de dejar esa bandeja del pecado dentro de mi campo visual en todo momento, que hasta el turrón de praliné de pera que no habría mirado dos veces en día grande allá por el 29 se me antoja de un atractivo irresistible rayano en lo erótico?). El caso es que vuelves a la rutina casi con ganas –insondables misterios de la naturaleza humana- y te encuentras con que la borrasca ha hecho acto de presencia justo a tiempo para evitar que los pantanos vinieran a absorbernos a nosotros y con que salir a la calle a mover un músculo requiere de tenerlos más gordos que un Guardián de la Noche. Así las cosas, te ves en la obligación de conectarte a esa plataforma de cuyo nombre quizás querría acordarme si tuvieran el buen gusto de patrocinarnos. Nah, no nos hace falta; así somos más “indies”… (no, no me miréis, no estoy llorando).

El descubrimiento de la semana –porque ya sabemos que en el mundo “serial” así se miden los tiempos- ha sido, para quien suscribe, la británica “The end of the f**king world”, una apuesta por el humor negro protagonizada por dos adolescentes que, hastiados por sus respectivas vidas, deciden fugarse de los hogares paternos: una, por pura rebeldía del pavo de toda la vida y el otro, por ver en ella a la óptima primera víctima humana en su carrera como “psycho-killer”. Por supuesto, este será el inicio de una secuencia de catastróficas desdichas contadas en clave de comedia irreverente.

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Pequeña pantalla, pequeña crítica: “Paquita Salas”.

Como no sólo de cine vive el hombre, y, a estas alturas de noviembre, el riesgo de acabar con el careto tan hierático y azul como el del Rey de la Noche hace más prescindible el salir a la calle en pos de grandes pantallas, estos peliculeros se han aventurado en las procelosas aguas de las plataformas televisivas para calmar su ansia viva por la narrativa en formato audiovisual. Tan aguerridos guerreros habían de tener su recompensa y esta ha llegado con la forma y las dimensiones más inconcebibles: nada de “The handmaid´s tale” o “Stranger Things 2”, no; prepárese el respetable para abrir los ojos ante la oronda figura de “Paquita Salas”.

Paquita, “PS” para los amigos y leales servidores, es una representante de actores de personalidad excéntrico-cañí y mucho más que asertiva que se jacta de conocer a los miembros más influyentes del “star-system” patrio y demuestra a cada paso su disposición a hacer cualquier cosa (léase con tono sensualón setentero) para encumbrar a sus artistas hasta… qué sé yo… ¡de Puente Viejo pa´ arriba! Con semejante introducción, habrá quien se esté imaginando a una despampanante Samantha Jones en versión ibérica mostrando su talento en al menos varias decenas de posturas, pero si os estáis haciendo ilusiones con eso… ¡os estáis quedando cortos!

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Crítica de “Kingsman: el círculo de oro”, de Matthew Vaughn. MÁS QUE EFICAZ CINE PALOMITERO, ¡Y A MUCHA HONRA!

Duda uno entre empezar esta crítica describiendo la película con una frase tan gastada por el uso como “diversión en estado puro” o hacerlo con un consejo no solicitado: conócete a ti mismo.

La primera opción requiere poca explicación: te vas a encontrar con un blockbuster en el que cada segundo de metraje ha superado en coste el presupuesto de muchos Ayuntamientos patrios, una combinación apabullante de “James Bond”, “Men in Black” y las entregas de “Batman” más imbuidas de la estética cómic con la única –y muy digna- pretensión de hacerte salir del cine entusiasmado tras más de dos horas en las que tus problemas del primer mundo habrán quedado en el olvido. Y no se queda en pretensión: su director Matthew Vaughn, con unas credenciales a considerar como la producción con Guy Ritchie de “Lock & Stock” (1998) y “Snatch: Cerdos y diamantes (2000)” y la realización de “X-Men: Primera generación (2011)”, se ha encargado de que reúna los ingredientes para procurarte ese sano placer. +Sigue leyendo

Crítica de “La llamada”, de Javier Ambrossi y Javier Calvo. SIMPLEMENTE, ILUSIÓN

 

Hay historias que son demasiado pequeñas para que algunos podamos darnos el lujo de confesar que nos gustan. Normalmente, cuando hablamos de ellas, solemos justificar nuestra opinión positiva apelando a nuestra edad temprana, a la inexperiencia o al estado emocional “frágil” del momento en el que las descubrimos, para, a continuación, impostar un tonillo de condescendencia hacia esa versión rudimentaria de uno mismo que tan fácilmente se quedaba satisfecho, el imbécil de él.

Dependiendo de la capa de la estratosfera de la intelectualidad en la que nos situemos como espectadores, cuando de cine se trata, cabe la posibilidad de que nos sirva de excusa exculpatoria el aval de la obra literaria renombrada en la que se inspire, el que haya sido realizada por un director prestigioso pero de los que no reniegan de ninguna de sus criaturas o su reconocimiento en algún certamen que las élites gafa-pastas aún no hayan incluido en su lista negra como “vendido a la industria” (¡oh, Demiurgo, líbranos de esa gente que pretende ganar dinero con lo que hace!). Para algunos, no se salva ni La princesa prometida. Pobres… borrar la propia infancia es tan triste como no haberla tenido. +Sigue leyendo

Crítica de “¡Madre!” de Darren Aronofsky. ALEGORÍA DEL NARCISISMO (EL DEL AUTOR, POR SUPUESTO)

¿Qué le sucede a uno cuando dirige Cisne negro y su moderada popularidad se convierte en grandioso éxito y numerosas críticas internacionales cantando las loas de lo que algunos han llamado obra maestra por la singularidad de su lenguaje narrativo, la expresividad de sus imágenes y lo novedoso del concepto –términos que, os pongáis como os pongáis, vienen a significar más o menos lo mismo, si es que significan algo-?

Al parecer, lo que ocurre en estos casos –lástima no poder decirlo por experiencia- es que esos ecos resuenan en la cabeza del destinatario de las alabanzas y este, por poco hipertrofiado que esté su ego de creador, o bien afronta con dignidad esa sequía del escritor que tan bien ves plasmada en la propia ¡Madre! cuando aún tienes tus esperanzas puestas en ella, o bien se lía la manta a la cabeza y hace lo que dicen que ha hecho este caballero: redactar en cinco días un guión a partir de una pesadilla sufrida por él mismo. En cinco días y, probablemente, estando de resaca. Y añado: una resaca de garrafón. +Sigue leyendo

‘Mapa’, la Ópera prima de Elías León Siminiani nominada al Goya a Mejor película Documental

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¿Qué puedo contaros acerca de Mapa’ que quizás no sepáis ya?

¿Y qué decir de su director? Hay verdad y talento, mucho talento latente. Se puede apreciar tras unos minutos de conversación con él; para quien está claro que lo que no mueva el amor – por una persona, por tu trabajo – , no lo  mueve nada ni nadie. Estar enamorado da eso que se dice momentos de creatividad, por no hablar de los momentos de des-amor;  en los que, grandes, los artistas crecen en ingenio y grandilocuencia. +Sigue leyendo

‘Amor’, la película más conmovedora de Michael Haneke

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Muy buenos días cinéfil@s,

Hoy se celebra la llegada de los ReyesMagos y el fin de la Navidad, y qué mejor regalo que disfrutar estos días del buen cine. Y más cuando se trata de historias tan ‘necesarias’ como ‘Amor’, el último drama romántico que no dejará indiferente a nadie. Y si de primera mano nos la cuentan dos actorazos como EmmanuelleRiva y JeanLouisTrintignant –entre otros, ya no existe excusa para no ir a verla el próximo viernes  11 de enero, fecha en la que se estrenará en salas españolas.

Suele ser habitual el hecho de ir a ver una película por el reparto, yo diría que junto con el director y la temática de la misma es un condicionante bastante potente. A pesar de ello, confieso  que acudí al pase de prensa con la única información de que se trataba del laureado último trabajo del director austriaco. ¡Nada más y nada menos! +Sigue leyendo