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Enero existencialista en la filmoteca. Nuestra selección.

Por petición popular (…quiero decir: a solicitud de nuestros más fieles seguidores… estoooo… sí, mamá, te hemos hecho caso…), no hemos tenido el cuajo de dejaros solos ante el peligro en el mes más triste del año a los que ya os estabais acostumbrando a que fuéramos nosotros quienes separáramos el grano de la paja dentro del programa de los Cinés Doré. Sabemos que el Prozac se queda muy corto cuando la dieta post-navideña se te junta con los números rojos, unas temperaturas que deshonrarían la virilidad de cualquiera y la conciencia de que eres cada vez más viejo, sigues fumando lo mismo que hace 365 días y ese michelín que juraste erradicar un año atrás se ha reproducido y se te antoja bastante más sencillo unirte a él y convertirte en un activista de la “body positivity” que levantar una kettlebell.

Como única introducción, hemos de expresar que nos llena de orgullo y satisfacción contaros que los programadores parecen haber escuchado las plegarias y leído los “tuits” de quienes nos obstinamos en hacerles ver que, considerando que su misión es la difusión de la cultura, al igual que el amor puede aparecer donde menos te lo esperas, pero, por alguna razón, se le aparece a más gente viendo a Chris Hemsworth que a Seth Rogen, tendremos más fácil inspirarlo hacia el séptimo arte si alternamos los dramones de habitantes de Estados donde la democracia es un hermoso sueño y las comeduras de tarro “indies” de hace tres cuartos de hora con obras tan sólidas y reconocidas que a sus “haters” ni siquiera les salen “haters” por pura superioridad moral. Modo viejuno on: algo tendrá el agua cuando la bendicen.

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Pequeña pantalla, pequeña crítica: “The end of the f**king world”

¡Enhorabuena! Has sobrevivido unas Navidades más: desde la primera a la última de las jornadas festivas, familiares e hipercalóricas y sus interludios no precisamente dedicados a dar carreritas y alimentarte de lechuga (¿por qué, abuela, por qué has de dejar esa bandeja del pecado dentro de mi campo visual en todo momento, que hasta el turrón de praliné de pera que no habría mirado dos veces en día grande allá por el 29 se me antoja de un atractivo irresistible rayano en lo erótico?). El caso es que vuelves a la rutina casi con ganas –insondables misterios de la naturaleza humana- y te encuentras con que la borrasca ha hecho acto de presencia justo a tiempo para evitar que los pantanos vinieran a absorbernos a nosotros y con que salir a la calle a mover un músculo requiere de tenerlos más gordos que un Guardián de la Noche. Así las cosas, te ves en la obligación de conectarte a esa plataforma de cuyo nombre quizás querría acordarme si tuvieran el buen gusto de patrocinarnos. Nah, no nos hace falta; así somos más “indies”… (no, no me miréis, no estoy llorando).

El descubrimiento de la semana –porque ya sabemos que en el mundo “serial” así se miden los tiempos- ha sido, para quien suscribe, la británica “The end of the f**king world”, una apuesta por el humor negro protagonizada por dos adolescentes que, hastiados por sus respectivas vidas, deciden fugarse de los hogares paternos: una, por pura rebeldía del pavo de toda la vida y el otro, por ver en ella a la óptima primera víctima humana en su carrera como “psycho-killer”. Por supuesto, este será el inicio de una secuencia de catastróficas desdichas contadas en clave de comedia irreverente.

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Hiperglucémico diciembre en la filmoteca. Nuestra selección.

Que nadie se llame a engaño al leer el título de este post: en contra de lo esperado (esperar, de tener la expectativa), en esta gran pantalla subvencionada, no parecen haber tenido muy en cuenta que Madrid lleva decorada con luces navideñas desde hace al menos una semana –por eso de animarnos a comprar abridores de latas con abre-fácil y tangas de lentejuelas en el Black Friday- y no se han permitido entregarse con glotonería a los excesos, también emocionales, propios de la época. Desconocemos si tal compromiso con la sobriedad trae causa de un legítimo afán de promover la salud pública compensando los abundantes factores que en estos días propician un incremento de la diabetes entre la población, o del reciente nombramiento como responsable de programación de Ebenezer Scrooge.

Así las cosas, aun cuando publicaremos un post que satisfaga a quienes esperan (esperar, de anhelar –delicioso verbo-) sentirse henchidos de gozo festivo y amoroso en todas sus formas, incluidas las familiares y familieras, en estas líneas nuestro cometido será escrutar la cartelera de los cines Doré en busca de lo que siempre nos motiva: películas que den lo que prometen.

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Pequeña pantalla, pequeña crítica: “Paquita Salas”.

Como no sólo de cine vive el hombre, y, a estas alturas de noviembre, el riesgo de acabar con el careto tan hierático y azul como el del Rey de la Noche hace más prescindible el salir a la calle en pos de grandes pantallas, estos peliculeros se han aventurado en las procelosas aguas de las plataformas televisivas para calmar su ansia viva por la narrativa en formato audiovisual. Tan aguerridos guerreros habían de tener su recompensa y esta ha llegado con la forma y las dimensiones más inconcebibles: nada de “The handmaid´s tale” o “Stranger Things 2”, no; prepárese el respetable para abrir los ojos ante la oronda figura de “Paquita Salas”.

Paquita, “PS” para los amigos y leales servidores, es una representante de actores de personalidad excéntrico-cañí y mucho más que asertiva que se jacta de conocer a los miembros más influyentes del “star-system” patrio y demuestra a cada paso su disposición a hacer cualquier cosa (léase con tono sensualón setentero) para encumbrar a sus artistas hasta… qué sé yo… ¡de Puente Viejo pa´ arriba! Con semejante introducción, habrá quien se esté imaginando a una despampanante Samantha Jones en versión ibérica mostrando su talento en al menos varias decenas de posturas, pero si os estáis haciendo ilusiones con eso… ¡os estáis quedando cortos!

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Decadente noviembre en la filmoteca. Nuestra selección.

La palabra “filmoteca” suena a rancio y lo rancio suena a… hipster. Tanto es así que, cuando uno se tiene a sí mismo por “normal” –valga la falsa modestia-, se lo piensa dos veces antes de acercarse al madrileño Cine Doré en la Calle Santa Isabel 3 sin previa caracterización con la barbuza-pubis de monja que es el signo de estos tiempos. Pero no: os estáis equivocando al pensar que os pedirán el carnet de gafa-pasta tan pronto como os aventuréis por Lavapiés, y, con ello, perdiendo la oportunidad de ver buen cine en pantalla grande al módico precio de 2,50€ la sesión. Eso sí (y, para gustos, colores): en V.O.S.

Aunque algunos gozaríamos lo indecible de un enfoque más orientado a los clásicos que no pierden la condición de peliculones por ser a la vez comerciales y, de hecho, nuestro flechazo hacia estas salas viene de una primera cita en la que nos sedujo mostrándonos a Cary Grant “Con la muerte en los talones” del tamaño al que solemos ver a Colin Farrell –abominable comparación, sí-, no se puede negar que, gracias a la tendencia de la filmoteca a dar pábulo a obras de diverso pelaje y, a menudo, de autores malditos o de países más emergentes que exóticos que no iría a ver ni la madre del protagonista si tuviera la alternativa de fingir un ictus, uno puede descubrir auténticas maravillas. No seamos unos cuñaos´ prejuiciosos y atrevámonos a averiguar qué puede hacer por nosotros un pastor de cabras kurdo en medio de una crisis existencial, porque, creedme, nos van a sorprender…

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¿Te gusta pasar miedo? Halloween 2017 en el cine.

Como no habríais podido ignorar aun habiéndolo intentado, el martes 31 de octubre será la víspera del Día Todos los Santos, y, por lo tanto, Halloween o, en castizo, Noche de Difuntos, esa fecha en la que, tradicionalmente en este nuestro frenético país, las gentes de bien asistían a representaciones del Tenorio. Aunque creo que el plan de presenciar la puesta en escena de ese clásico en un cementerio –lo que se oferta en varias ciudades- es imbatible, en un blogdepelicula de lo que nos toca hablar es de otro tipo de narrativa, la de los Lumière, por lo que en esa línea irá la propuesta que os hagamos en estos párrafos a aquellos que, antes de vestiros de Freddy o de calabaza putilla y salir a desplegar vuestras dotes de seducción de semejante guisa, necesitéis cierta inspiración…

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Crítica de “Kingsman: el círculo de oro”, de Matthew Vaughn. MÁS QUE EFICAZ CINE PALOMITERO, ¡Y A MUCHA HONRA!

Duda uno entre empezar esta crítica describiendo la película con una frase tan gastada por el uso como “diversión en estado puro” o hacerlo con un consejo no solicitado: conócete a ti mismo.

La primera opción requiere poca explicación: te vas a encontrar con un blockbuster en el que cada segundo de metraje ha superado en coste el presupuesto de muchos Ayuntamientos patrios, una combinación apabullante de “James Bond”, “Men in Black” y las entregas de “Batman” más imbuidas de la estética cómic con la única –y muy digna- pretensión de hacerte salir del cine entusiasmado tras más de dos horas en las que tus problemas del primer mundo habrán quedado en el olvido. Y no se queda en pretensión: su director Matthew Vaughn, con unas credenciales a considerar como la producción con Guy Ritchie de “Lock & Stock” (1998) y “Snatch: Cerdos y diamantes (2000)” y la realización de “X-Men: Primera generación (2011)”, se ha encargado de que reúna los ingredientes para procurarte ese sano placer. +Sigue leyendo

FIESTA DEL CINE OTOÑO 2017. ¡APROVÉCHALA!

“Fiesta”, “cine” y “aprovechar” son tres palabras que me encantan, así que, para mí y otros muchos como yo, juntarlas en la misma frase es un reclamo mayor que el de esos carteles en los que te prometen que si les compras tus nuevos neumáticos, seas del SEXO que seas, tendrás GRATIS un cambio de aceite, con la fuente de las palabras clave de un tamaño 20 veces superior al de las restantes.

Pues bien: los días 16, 17 y 18 de octubre (lunes a miércoles) de este frenético 2017 se celebra la nueva edición de estas jornadas promocionales que te permiten adquirir entradas a 2,90€ cada una y unos servidores estamos aquí para que les saques el máximo partido posible. Te lo explicamos a continuación paso a paso.

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Crítica de “La llamada”, de Javier Ambrossi y Javier Calvo. SIMPLEMENTE, ILUSIÓN

 

Hay historias que son demasiado pequeñas para que algunos podamos darnos el lujo de confesar que nos gustan. Normalmente, cuando hablamos de ellas, solemos justificar nuestra opinión positiva apelando a nuestra edad temprana, a la inexperiencia o al estado emocional “frágil” del momento en el que las descubrimos, para, a continuación, impostar un tonillo de condescendencia hacia esa versión rudimentaria de uno mismo que tan fácilmente se quedaba satisfecho, el imbécil de él.

Dependiendo de la capa de la estratosfera de la intelectualidad en la que nos situemos como espectadores, cuando de cine se trata, cabe la posibilidad de que nos sirva de excusa exculpatoria el aval de la obra literaria renombrada en la que se inspire, el que haya sido realizada por un director prestigioso pero de los que no reniegan de ninguna de sus criaturas o su reconocimiento en algún certamen que las élites gafa-pastas aún no hayan incluido en su lista negra como “vendido a la industria” (¡oh, Demiurgo, líbranos de esa gente que pretende ganar dinero con lo que hace!). Para algunos, no se salva ni La princesa prometida. Pobres… borrar la propia infancia es tan triste como no haberla tenido. +Sigue leyendo

Crítica de “¡Madre!” de Darren Aronofsky. ALEGORÍA DEL NARCISISMO (EL DEL AUTOR, POR SUPUESTO)

¿Qué le sucede a uno cuando dirige Cisne negro y su moderada popularidad se convierte en grandioso éxito y numerosas críticas internacionales cantando las loas de lo que algunos han llamado obra maestra por la singularidad de su lenguaje narrativo, la expresividad de sus imágenes y lo novedoso del concepto –términos que, os pongáis como os pongáis, vienen a significar más o menos lo mismo, si es que significan algo-?

Al parecer, lo que ocurre en estos casos –lástima no poder decirlo por experiencia- es que esos ecos resuenan en la cabeza del destinatario de las alabanzas y este, por poco hipertrofiado que esté su ego de creador, o bien afronta con dignidad esa sequía del escritor que tan bien ves plasmada en la propia ¡Madre! cuando aún tienes tus esperanzas puestas en ella, o bien se lía la manta a la cabeza y hace lo que dicen que ha hecho este caballero: redactar en cinco días un guión a partir de una pesadilla sufrida por él mismo. En cinco días y, probablemente, estando de resaca. Y añado: una resaca de garrafón. +Sigue leyendo