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Ya es primavera en la Fiesta del Cine – Mayo 2018

Pueden habernos robado el mes de abril, pero no han defraudado nuestra legítima expectativa de poder ver cine en una sala -como más genuinamente se goza, para qué engañarnos- sin tener que cederle un riñón a Joaquín el prestamista. ¿Cómo? ¡En la Fiesta del Cine! Los curtidos en las lides del ocio “low cost” ya estaréis sobradamente informados acerca de estas jornadas durante las cuales cada entrada tiene el muy razonable precio de 2,90 €. En esta ocasión, tendrán lugar entre el lunes 7 y el miércoles 9 de mayo, fechas muy propicias para que, a juzgar por el pronóstico meteorológico, quepa incluso llevarse los panchitos y la Coca-Cola de casa convenientemente camuflados sin que la segunda pase a temperatura de muestra de orina durante los trailers y… ¡salir ufanísimos de habernos sustraído a la alienante influencia de la omnipotente sociedad de consumo! ¡Arrrrrggggggg… David ha vuelto a batir a Goliat…!

 

Soflamas anticapitalistas aparte, y sin más preámbulo que el necesario para facilitaros el enlace a nuestro post de consejos publicado con ocasión de la edición precedente y a la web de la organización, donde tendréis necesariamente que obtener vuestra acreditación gratuita, nos vamos a permitir haceros unas breves recomendaciones, tan a ciegas como bienintencionadas, enfocadas al disfrute de los más atractivos de entre los últimos estrenos. ¡Va por Ustedes!

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Que no nos roben el mes de abril: un paseo hasta la filmoteca. Nuestra selección.

Se nos está poniendo francamente difícil creernos que ya es primavera… Por suerte, los amantes de las historias siempre tendremos en ellas un cálido –o no- refugio. Este mes, la filmoteca continúa con Saura y da entrada a obras magníficas a través de sus homenajes a William Holden, gran exponente de galán del Hollywood dorado, y a Ingmar Bergman.

Sobre el prolífico y longevo Bergman, uno de los mejores cineastas en la historia como artífice de una genuina revolución del lenguaje cinematográfico e inspiración para la mayoría de los grandes del pasado siglo, ya está dicho casi todo y no nos dedicaremos ahora a añadir lo que podamos echar en falta. Llama la atención el que, entre las seleccionadas por la filmoteca, no estén sus obras cumbres, quizás porque tengamos que esperar a mayo para su proyección, quizás porque el programador haya querido abrir nuestros horizontes a algo más que las “sobadas” “El séptimo sello” o “Persona”. En cualquier caso, lo que nos ofrecen son también palabras mayores.

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CRÍTICA DE “ANIQUILACIÓN”, de Alex Garland (estreno en Netflix, marzo de 2018). ¿POR QUÉ ANIQUILARÍA “ANIQUILACIÓN”?

 

Debo advertir antes de entrar en materia que en este blog defendemos la honestidad. La honestidad narrativa no implica la proscripción de los giros de guión o de las transformaciones o hibridaciones de género, por supuesto, ni mucho menos supone abogar por la previsibilidad; ese atributo es inaceptable en un relato, hasta cuando este es una crónica periodística. Desde nuestro punto de vista, una película, una novela, una obra teatral honesta es aquella que da lo que promete, es decir: el que cuando vamos a ver cine de terror, no pasemos miedo –aunque este pueda convivir felizmente con momentos de hilaridad, romanticismo, ganas de comernos un bocadillo de chistorra…-, o que cuando pretendemos reírnos a carcajadas, acabemos sonriendo socarronamente tres o cuatro veces… nos toca enormemente las partes pudendas.

Huelga decir que todavía nos sentimos más violentamente sodomizados cuando el autor-artista de turno pretende hacer historia y, como no tiene ni una desdibujada idea de por dónde hacer discurrir la narración para que no sólo sea coherente -¡por favor!-, sino también “memorable”, no se le ocurre otro desenlace que el de causar estupor o puro y simple asco entre el público, esos pobres mortales… Vamos: que dejar impronta en la retina y el mundo onírico del espectador a base de incestos “porque yo lo valgo” y salvajes mutilaciones es algo que sabe hacer hasta el más tonto. Las vejaciones que nuestros modestos intelectos sufrieron viendo “¡Madre!” resucitaron este blog. Con esto queda todo dicho.

“Aniquilación” nos presenta a Natalie Portman como científica y exmilitar cuyo esposo (Oscar Isaac), miembro del Ejército, desaparece durante un año tras haber sido destinado a una misión secreta y regresa al hogar gravemente enfermo y en un estado de alienación que le hace emocionalmente irreconocible, motivando el que la primera acabe siendo informada de que la misteriosa misión consistía en explorar una zona rural en torno a un faro invadida por un extraño fenómeno que genera mutaciones en todos los seres que en ella se adentran para nunca volver.

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Marzo de excepcional y sobrecogedora belleza en la filmoteca. Nuestra selección.

 

Antes de nada: sí, hemos mirado por la ventana y sabemos que en la capital del Reino lleva días cayendo la mundial. ¡Incluso hemos salido de casa! Contra todo pronóstico, ocasionalmente nos aventuramos más allá de los límites de nuestro sofá y del sucedáneo de amor dispensado por los gatos que nos soportan porque aspiran a devorar nuestros rostros cuando los triglicéridos nos ganen la batalla y dejamos en pausa la maratón de la serie de moda para respirar el purísimo aire de la metrópoli. “¿Y para qué?” os preguntaréis, con la curiosidad insaciable que os caracteriza, instantes antes de pensar lo poco que os importa. ¡Para ir al cine, señores! ¿Para qué, si no?

La narrativa audiovisual da sentido de nuestras vidas y, a veces, se siente gustito al compartirla con decenas o cientos de desconocidos, llamadnos freaks (que lo haréis). El caso es que marzo es un mes que nos gusta, así son las cosas, y no hemos querido ahorrar en grandilocuencia para calificarlo al margen de la errática meteorología.

Y no sólo nos gusta marzo porque es marzo y siempre trae algo notable para el progreso de la Humanidad en su conjunto, no, sino también porque en la filmoteca continúan en la línea que han adoptado últimamente: combinar el arte y ensayo y las rarezas de latitudes ignotas que, por la mayoría de los presentes, podrían seguir siéndolo, con historias de las buenas de vedad, de las que hacen la Historia. Del cine, por supuesto. Seguimos, así, con el ciclo de películas sobre el amor –que no necesariamente románticas- e introducimos uno de los cineastas españoles más prestigiosos de todos los tiempos: Carlos Saura.

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CRÍTICA DE “LA FORMA DEL AGUA”, de Guillermo del Toro. “EL ROTO Y EL DESCOSIDO” UNIDOS POR UN CUENTACUENTOS

A Guillermo del Toro le entusiasma su profesión. No me sorprende. Somos muchos los que, como él, de niños no sólo escuchábamos fascinados los cuentos ajenos, sino que soñábamos con ser aquellos que los contaran y cautiváramos de ese mismo modo a nuestra audiencia, ya estuviera esta formada por cuatro vecinitos sentados en torno a ti, ya por un público variopinto que llenara salas comerciales de todo el planeta. Por esa razón, su obra exuda esa autenticidad de quien ama lo que hace.

Así, quienes conservamos a flor de piel la capacidad de ilusionarnos empezamos a ver su nueva película con más simpatía que espíritu crítico. La premisa es más bien sencilla: durante la Guerra Fría, una chica de la limpieza muda, Elisa (inmensa Sally Hawkins), que trabaja en un centro científico de alta seguridad situado en Baltimore, descubre que en él mantienen recluido a un anfibio antropomorfo (Doug Jones), con quien crea un vínculo de complicidad sin palabras que cambiará su vida.

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Febrero carnal en la filmoteca. Nuestra selección.

Allá por el siglo XIV, un clérigo cachondo relató el combate entre Don Carnal y Doña Cuaresma, reflejando alegóricamente ese relajo de los rigores impuestos por la moral cristiana que, antecediendo a los cuarenta días de penitencia y potajes de garbanzos, daba oxígeno a breves encuentros con la gula y la lujuria… en suma, con el humano hedonismo y con la aun más humana hipocresía, pues ¿qué mejor representación de esta que las máscaras de Carnaval? Creo que no incurro en “spoiler” si menciono que no osó el Arcipreste dejar que venciera el bueno de Epicuro, quizás temeroso de condenar a la Humanidad a una bacanal continua… criaturita…: tanto esfuerzo por educar nuestra moralidad para que, a día de hoy, ni a nuestras abuelas se les mueva una ceja viendo “Gandía Shore” o según qué perfiles de Instagram.

Pero más merece ser glosado el “Libro del buen amor”, cuyos versos, como casi todo aquello cuya lectura te imponen en la infancia, se olvidan con deleite, por su principal aportación al lenguaje de las artes: ese magnífico eufemismo que nos hace llamar amor a lo que, en realidad, es un instinto animal con más olor a sudor reconcentrado que a perfume francés de ese que tanto se vende en la prefabricada onomástica oportunamente situada entre las fiestas navideñas y la fiebre consumista que, como las alergias, a muchos trae la primavera.

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Crítica de “Wonder Wheel”, de Woody Allen. A LA VEJEZ, ESTRÓGENOS.

Vaya por delante que al grueso de los miembros de esta redacción nos resulta particularmente difícil ser objetivos –valga la paradoja cuando de críticas, esto es, opiniones, se trata- con las creaciones de Woody Allen, al calor de cuyos títulos míticos muchos nos enamoramos apasionadamente del séptimo arte, pero el cariño hacia los seres queridos de uno no debería volverle ciego ante su senectud, que no senilidad, ni evitar la constatación con casi cada estreno del último decenio de que probablemente sus años más brillantes ya hayan quedado atrás.

Inspira el título de esta crítica nuestra relativa sorpresa ante la deriva que va tomando la inspiración de Woody hacia el melodrama clásico. Aunque el director ha mostrado a menudo a lo largo de toda su carrera un cierto interés por el universo femenino más allá de la tristemente habitual concepción del bello sexo como objeto de deseo o adoración fruto de esa mera belleza, ha sido en el último lustro cuando ha dado un salto cualitativo convirtiendo en el centro de su narrativa a dos antiheroínas que bien podrían haber sido dibujadas por la pluma de Tennessee Williams. En ningún momento pretendió ocultar Allen que el personaje interpretado por Cate Blanchett en “Blue Jasmine” no era más –ni menos- que la Blanche du Bois de la magna obra de aquel “Un tranvía llamado deseo”, decepcionándonos con ello a unos cuantos que hemos resultado no ser tan incondicionales. Y ahora… parece que lo ha vuelto a hacer.

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Enero existencialista en la filmoteca. Nuestra selección.

Por petición popular (…quiero decir: a solicitud de nuestros más fieles seguidores… estoooo… sí, mamá, te hemos hecho caso…), no hemos tenido el cuajo de dejaros solos ante el peligro en el mes más triste del año a los que ya os estabais acostumbrando a que fuéramos nosotros quienes separáramos el grano de la paja dentro del programa de los Cinés Doré. Sabemos que el Prozac se queda muy corto cuando la dieta post-navideña se te junta con los números rojos, unas temperaturas que deshonrarían la virilidad de cualquiera y la conciencia de que eres cada vez más viejo, sigues fumando lo mismo que hace 365 días y ese michelín que juraste erradicar un año atrás se ha reproducido y se te antoja bastante más sencillo unirte a él y convertirte en un activista de la “body positivity” que levantar una kettlebell.

Como única introducción, hemos de expresar que nos llena de orgullo y satisfacción contaros que los programadores parecen haber escuchado las plegarias y leído los “tuits” de quienes nos obstinamos en hacerles ver que, considerando que su misión es la difusión de la cultura, al igual que el amor puede aparecer donde menos te lo esperas, pero, por alguna razón, se le aparece a más gente viendo a Chris Hemsworth que a Seth Rogen, tendremos más fácil inspirarlo hacia el séptimo arte si alternamos los dramones de habitantes de Estados donde la democracia es un hermoso sueño y las comeduras de tarro “indies” de hace tres cuartos de hora con obras tan sólidas y reconocidas que a sus “haters” ni siquiera les salen “haters” por pura superioridad moral. Modo viejuno on: algo tendrá el agua cuando la bendicen.

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Pequeña pantalla, pequeña crítica: “The end of the f**king world”

¡Enhorabuena! Has sobrevivido unas Navidades más: desde la primera a la última de las jornadas festivas, familiares e hipercalóricas y sus interludios no precisamente dedicados a dar carreritas y alimentarte de lechuga (¿por qué, abuela, por qué has de dejar esa bandeja del pecado dentro de mi campo visual en todo momento, que hasta el turrón de praliné de pera que no habría mirado dos veces en día grande allá por el 29 se me antoja de un atractivo irresistible rayano en lo erótico?). El caso es que vuelves a la rutina casi con ganas –insondables misterios de la naturaleza humana- y te encuentras con que la borrasca ha hecho acto de presencia justo a tiempo para evitar que los pantanos vinieran a absorbernos a nosotros y con que salir a la calle a mover un músculo requiere de tenerlos más gordos que un Guardián de la Noche. Así las cosas, te ves en la obligación de conectarte a esa plataforma de cuyo nombre quizás querría acordarme si tuvieran el buen gusto de patrocinarnos. Nah, no nos hace falta; así somos más “indies”… (no, no me miréis, no estoy llorando).

El descubrimiento de la semana –porque ya sabemos que en el mundo “serial” así se miden los tiempos- ha sido, para quien suscribe, la británica “The end of the f**king world”, una apuesta por el humor negro protagonizada por dos adolescentes que, hastiados por sus respectivas vidas, deciden fugarse de los hogares paternos: una, por pura rebeldía del pavo de toda la vida y el otro, por ver en ella a la óptima primera víctima humana en su carrera como “psycho-killer”. Por supuesto, este será el inicio de una secuencia de catastróficas desdichas contadas en clave de comedia irreverente.

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Hiperglucémico diciembre en la filmoteca. Nuestra selección.

Que nadie se llame a engaño al leer el título de este post: en contra de lo esperado (esperar, de tener la expectativa), en esta gran pantalla subvencionada, no parecen haber tenido muy en cuenta que Madrid lleva decorada con luces navideñas desde hace al menos una semana –por eso de animarnos a comprar abridores de latas con abre-fácil y tangas de lentejuelas en el Black Friday- y no se han permitido entregarse con glotonería a los excesos, también emocionales, propios de la época. Desconocemos si tal compromiso con la sobriedad trae causa de un legítimo afán de promover la salud pública compensando los abundantes factores que en estos días propician un incremento de la diabetes entre la población, o del reciente nombramiento como responsable de programación de Ebenezer Scrooge.

Así las cosas, aun cuando publicaremos un post que satisfaga a quienes esperan (esperar, de anhelar –delicioso verbo-) sentirse henchidos de gozo festivo y amoroso en todas sus formas, incluidas las familiares y familieras, en estas líneas nuestro cometido será escrutar la cartelera de los cines Doré en busca de lo que siempre nos motiva: películas que den lo que prometen.

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